Un sonido puede transformar una película: en «Tuner», la banda sonora no es un complemento sino la forma principal de contar la historia. El diseñador de sonido Johnnie Burn, ganador de un Óscar por trabajos anteriores, ha recreado en la sala lo que significa vivir con orejas extremadamente sensibles y lo ha hecho aprovechando las posibilidades del Dolby Atmos.
De un accidente doméstico a una carrera dedicada al sonido
Cuando era joven, Burn sufrió un episodio que le dejó temporalmente sordo: una botella puesta bajo el grifo acumuló tanta presión que estalló y le privó del oído por un tiempo. Esa experiencia lo marcó y acabó dirigiéndolo fuera de la universidad hacia el oficio del sonido para cine.
Meses después desarrolló hiperacusia —una sensibilidad extrema a los ruidos— y, según cuenta, esa vivencia temprana le permitió comprender intuitivamente cómo sonaría y cómo dolería el mundo desde esa condición. Esa memoria sensorial fue la base de su trabajo en «Tuner», el nuevo filme dirigido por Daniel Roher.
Un protagonista que “oye demasiado”
El personaje central, Niki (interpretado por Leo Woodall), sufre una hiperacusia crónica que truncó su carrera como pianista virtuoso pero le otorga una capacidad casi sobrehumana para identificar sonidos: puede abrir una caja fuerte escuchando con atención las resonancias. Ese rasgo desencadena la trama cuando una banda de origen israelí y la necesidad económica de su mentor (Dustin Hoffman) ponen a Niki en una situación límite.
Recrear en sala el dolor y la hiperagudeza auditiva presentó un reto técnico y ético: no se puede someter al público a niveles de volumen dañinos. La solución de Burn fue traducir la incomodidad en códigos sonoros que el espectador pueda percibir sin riesgo.
Cuatro capas de audición
Para construir esa experiencia el equipo distinguió varios “estados” de escucha y trabajó con precisión clínica sobre cada uno:
- Audición normal: cómo suenan los personajes para una persona sin hipersensibilidad.
- Punto de vista de Niki sin protección: un mundo sobrecargado y nítido, donde los sonidos adquieren intensidad dolorosa.
- Con mini-taponcillos: una atenuación parcial que mantiene detalle pero reduce la agresividad.
- Con protectores grandes: sonido amortiguado y distante, que restringe el espectro y la dinámica.
Para documentar esas diferencias Burn se grabó a sí mismo en ambientes cotidianos usando micrófonos colocados dentro del canal auditivo. Esas grabaciones le dieron un mapa realista de qué matices conservar y cuáles atenuar en la mezcla final.
La mezcla como herramienta narrativa
Más allá de la ecología del personaje, Burn enfatiza que la música de Will Bates y las orquestaciones y arreglos de piano de Marius de Vries sirven para señalar el estado emocional de los personajes, mientras que su labor se enfocó en traducir la condición física del oído del protagonista. La intención no era competir con la música sino complementarla, asignando a cada elemento un rol distinto en la dramaturgia sonora.
Trabajar en Dolby Atmos le permitió ser más audaz: la tecnología ofrece una reproducción más fiel y una localización sonora más precisa que los formatos tradicionales, lo que reduce la necesidad de compromisos por la posición del espectador en la sala. “Con Atmos puedes arriesgarte más”, ha señalado Burn al describir el enfoque creativo que adoptaron durante la mezcla.
Qué implica para el público
El resultado es una experiencia que busca generar empatía sin exponer a la audiencia a molestias físicas. La mezcla utiliza la espacialidad, los matices de frecuencia y la relación con la partitura para colocar al espectador dentro del cuerpo del personaje sin recurrir a trucos sensacionalistas.
En términos prácticos, esto significa que en determinadas escenas el espectador percibe una hiperclaridad que incomoda; en otras, la sensación es de sopor o aislamiento. Todo ello con un propósito narrativo: que el sonido deje de ser un acompañamiento y se convierta en la lente por la que se mira la película.
Puntos clave
- El diseño sonoro parte de una experiencia personal real del diseñador.
- La mezcla distingue varias capas auditivas para simular distintos grados de sensibilidad.
- El uso de Dolby Atmos permitió una mezcla más precisa y “aventurera”.
- La música y el diseño sonoro se complementan para contar la historia desde el oído del protagonista.
«Tuner» ya está en salas y representa una muestra de cómo la tecnología y la investigación sensorial pueden potenciar la narrativa cinematográfica sin sacrificar la seguridad ni la claridad emocional.
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Especialista en el séptimo arte, Javier Cortés ofrece análisis claros sobre estrenos y obras maestras del cine. Sus recomendaciones te permiten tomar decisiones informadas para tus noches de cine.