Documental del Pacífico promete inspiración: termina siendo un espectáculo de ego

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Una nueva mirada a las travesías oceánicas de Terence “Tez” Steinberg llega desde Telluride con el estreno de la película de Bryan Fogel, pero la propuesta plantea más preguntas que respuestas sobre el precio real del riesgo y cómo se cuenta una historia de duelo en primera persona. El documental captura dos cruces solitarios notables por distancia y resistencia física, pero evita indagar con profundidad en las decisiones que los hicieron posibles.

Steinberg es, ante todo, un atleta de resistencia que recurrió al esfuerzo físico para sobrellevar episodios de depresión. En 2020 completó, en solitario, un trayecto de más de 2.500 millas desde Monterey (California) hasta Kaneohe (Hawái) en una embarcación de 7 metros, una travesía que duró 71 días. Tres años después repitió la experiencia con una ruta mucho más extensa —casi 6.000 millas— partiendo de Honolulu hacia Australia durante más de 126 días.

En el filme, titulado «The Row», Fogel presenta esos viajes como actos de confrontación personal. El contexto es claro: la primera expedición ocurrió cuatro años después de la muerte por suicidio del padre de Steinberg; la segunda se produjo tras un infarto inesperado y otra pérdida familiar por suicidio. Según la narración del propio protagonista, navegar en soledad le ofrecía un escenario para enfrentar el dolor.

Las imágenes de costa a costa y las secuencias dentro del bote son conmovedoras; sin embargo, el documental evita escrutar por qué alguien opta repetidamente por someterse a condiciones tan peligrosas. Las escenas en las que Steinberg sufre alucinaciones nocturnas, rompe la barra del timón a pocas semanas de zarpar o intercepta un buque cisterna por centímetros comunican tensión, pero carecen de una reflexión crítica sobre el riesgo inherente a esas decisiones.

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Hay momentos en la película que sugieren que la empresa no fue totalmente improvisada: Steinberg contó con médicos y un equipo logístico que podían intervenir si era necesario, aunque en la práctica esas ayudas estaban a cientos o miles de millas de distancia. Esa combinación de asistencia remota y aislamiento real —aclarada por los productores en una nota posterior— refuerza la ambivalencia sobre cuánto de “solitario” fue el empeño y cuánto se presentó como tal por razones narrativas.

Un punto recurrente en el documental es la tensión entre la supervivencia inmediata y la búsqueda interior. En una ocasión Steinberg contempla desviarse hacia las islas Marshall y regresar con su familia —la decisión más sensata que toma en pantalla—, pero finalmente continúa la ruta hacia Australia. Ese tipo de volteos no se explican en profundidad y dejan al espectador con la sensación de estar ante una serie de gestos heroicos más que frente a un estudio psicológico sobre la conducta de riesgo.

  • Primer cruce: Monterey a Kaneohe — aprox. 2.500 millas — 71 días.
  • Segundo cruce: Honolulu a Australia — casi 6.000 millas — más de 126 días.
  • Contexto personal: duelo por suicidio de sus padres y un infarto que marcó su trayectoria reciente.
  • Riesgos documentados: rotura del timón, alucinaciones, casi colisión con un buque, agotamiento físico y complicaciones cardíacas.
  • Soporte: medidas de respaldo médicas y logísticas disponibles, pero ubicadas a gran distancia del bote.

Fogel decide centrar la película en la dimensión espiritual y emotiva del viaje, y evita un examen riguroso del carácter autodestructivo o de la posible búsqueda de notoriedad. Esa elección formal imprime al filme un tono motivacional —en ocasiones cercano a la promoción personal— y reduce la presencia de interrogantes legítimos: ¿cómo encaja esta odisea con la vida profesional de Steinberg? ¿Qué papel jugaron sus patrocinadores y su organización sin fines de lucro en la planificación y en la narrativa que se presenta?

La ausencia de contexto sobre su trayectoria previa como consultor y orador, y la mínima mención de la organización que apoyó las expediciones —más allá de un logo sobre la embarcación— contribuyen a que la cinta parezca selectiva en su retrato. No niega el valor de la hazaña, pero sí empobrece la lectura sociológica y psicológica que un tema así merece: riesgo, duelo y exhibición pública suelen entrelazarse en formas complejas que aquí se simplifican.

Desde el punto de vista formal, el documental alterna metraje propio del viaje con entrevistas, animaciones discretas y secuencias de entrenamiento que funcionan como pegamento narrativo, pero no compensan la falta de profundidad analítica. El resultado es una obra que provoca admiración por la resistencia física de su protagonista, pero deja insatisfecho al espectador que busque explicaciones más sólidas sobre sus motivaciones.

Valoración

En conjunto, The Row presenta dos empresas oceánicas excepcionales y un relato íntimo de duelo, pero falla al no cuestionar con rigor el comportamiento de su protagonista ni al mostrar con detalle la logística real detrás de las travesías. Ese tratamiento convierte la película en una pieza emotiva y a veces inspiradora, pero limitada desde el punto de vista crítico.

Calificación propuesta: C.

La película se estrenó en el Festival de Cine de Telluride 2026 y busca distribución en Estados Unidos.

Nota del editor: esta reseña fue editada para precisar que las medidas de apoyo médico y logístico vinculadas a las expediciones existieron, aunque se encontraban a una distancia considerable del bote, y para reflejar con mayor exactitud el carácter esencialmente solitario de las travesías.

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