Con los premios de 2026 a la vuelta de la esquina y la Academia aún perfilando cómo reconocer el trabajo de dobles en los Oscar, el debate sobre qué hace a una pelea o una persecución verdaderamente memorable sigue abierto. Aquí proponemos, de forma hipotética y con criterio editorial, las secuencias de 2025 que merecerían figurar en una categoría de Mejor Diseño de Stunts.
El énfasis no es la espectacularidad por sí misma, sino en cómo una coreografía física sirve a la narración, se integra con la cámara y convence al espectador de que está viendo cuerpos reales en riesgo real. Esto importa ahora porque, aunque la Academia empezó a incluir honores a equiposs de dobles en 2026, las normas concretas para un posible Oscar al diseño de stunts no estarán vigentes hasta 2027 y la primera entrega podría celebrarse en 2028.
Criterios que usamos
- Impacto visual y verosimilitud: que se note que hay personas ejecutando la acción, no sólo efectos digitales.
- Relevancia narrativa: la secuencia debe avanzar la historia o definir al personaje.
- Ingeniería y seguridad: planificación y logística que permiten ejecutar lo imposible sin poner en riesgo la producción.
- Originalidad en el lenguaje del movimiento y la coordinación con cámara, sonido y montaje.
En la práctica, no todos los grandes trabajos cumplen todos los puntos al mismo tiempo; algunos sobresalen por la audacia física, otros por la sutileza o el ingenio técnico. A continuación, nuestra selección de secuencias de 2025 que, si existiera la categoría este año, habrían sido nominadas.
| Película | Coordinador | Secuencia destacada |
|---|---|---|
| «Ballerina» | Stephen Dunlevy | Combate con lanzallamas |
| «F1» | Gary Powell | Accidente en Monza (choque de Joshua Pearce) |
| «Mission: Impossible — The Final Reckoning» | Wade Eastwood | Secuencia en biplanos |
| «One Battle After Another» | Brian Machleit | Persecución urbana — conducción en tráfico |
| «Sinners» | Andy Gill | Entronización de los vampiros — pelea colectiva |
«Ballerina»
Stephen Dunlevy y su equipo convierten un arma inesperada en núcleo de la coreografía: el uso de lanzallamas se siente táctico y peligroso, no gratuito. La secuencia balancea tensión y claridad visual; cámara y diseño de sonido amplifican cada chispa para que la audiencia siga la progresión táctica de la protagonista sin perder la línea del combate.
«F1»
En una película que mezcla metraje real de competiciones con escenas construidas, el choque de Joshua Pearce en Monza destaca por la complejidad logística. Gary Powell tuvo que casar pruebas en circuito, maniobras con vehículos modificados y efectos de impacto para lograr una sensación creíble de velocidad y colisión sin sacrificar la seguridad del equipo.
«Mission: Impossible — The Final Reckoning»
La imagen de actores trabajando al filo de un avión podría parecer puro espectáculo; aquí la proeza técnica es la que permite que lo imposible se vea plausible. Wade Eastwood ideó soluciones para controlar viento, partículas y riesgos naturales —todo coreografiado para que la secuencia respire y se perciba auténtica.
«One Battle After Another»
Menos estruendo, más precisión. La persecución carretera de esta película depende del tempo: encuadres, cambios de plano y la sincronía de los coches convirtieron una escena de ritmo moderado en algo angustioso. Brian Machleit trabajó sobre el límite de las capacidades de los intérpretes, moldeando los recursos humanos al servicio del plan de acción.
«Sinners»
Una pelea coral donde el desorden tiene que parecer precisamente coreografiado. Andy Gill logra que el caos mantenga continuidad dramática y tensión: el combate sostiene la idea de peligro constante, al tiempo que preserva la inteligibilidad de quién golpea, cuándo y con qué objetivo narrativo.
Estas propuestas son, en buena medida, un ejercicio de imaginación sobre cómo valoraríamos el trabajo de dobles si existiera ahora una estatuilla específica para el diseño de stunts. No es una lista canónica, pero sí una invitación a fijarse en detalles que a menudo quedan detrás de los reflectores: planificación, coordinación y la decisión editorial de mostrar —o esconder— el esfuerzo físico.
En definitiva, premiar stunts no es solo celebrar el peligro, sino reconocer la disciplina técnica y creativa que hace que una secuencia funcione dentro de una película. Y mientras la Academia define su camino, esas decisiones seguirán siendo relevantes para cineastas y espectadores por igual.
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Especialista en el séptimo arte, Javier Cortés ofrece análisis claros sobre estrenos y obras maestras del cine. Sus recomendaciones te permiten tomar decisiones informadas para tus noches de cine.