Nightborn: Rupert Grint y Seidi Haarla crían a un bebé sediento de sangre

Cine
Foto del autor

La nueva película de Hanna Bergholm convierte la maternidad en una experiencia explícita y perturbadora: no se trata solo de sustos, sino de retratar lo físico y lo emocional de tener un recién nacido de una forma difícil de ignorar. Nightborn, que ya está disponible en Shudder, mezcla humor incómodo, gore y metáfora para preguntar por qué seguimos negando el coste real de traer hijos al mundo.

La primera secuencia no intenta suavizar: el nacimiento es presentado con una violencia cruda que obliga a mirar, y la cámara no rehúye los detalles más desagradables. Esa imagen inicial marca el tono: la película se desplaza entre el horror explícito y la ironía, sin decidir del todo cuál de los dos caminos recorrer.

Rupert Grint añade una nota de desubicada comicidad al interpretar a Jon, el padre inglés que no domina el idioma local y parece incapaz de comprender la magnitud de lo que vive su pareja. Frente a él, Seidi Haarla encarna a Saga con una entrega física intensa; su hambre dramática sostiene buena parte del film, en el que el cuerpo femenino se convierte en zona de conflicto y resistencia.

Un planteamiento que juega con la metáfora

La historia arranca con una mudanza al hogar de la infancia de Saga, una casa en el bosque que funciona como escenario primitivo y aislado. La pareja planifica varios hijos y una vida idílica, pero el primer parto se transforma en catástrofe: las consecuencias físicas dejan a Saga dañada y dependiente.

El bebé —llamado Kuura— no es un recién nacido cualquiera: su aspecto y comportamiento remiten a una criatura salvaje que pide sangre, lo que convierte la película en una mezcla incómoda entre fábula y terror corporal. Bergholm e Ilja Rautsi utilizan este eje fantástico para explorar algo más cotidiano: la sensación de vaciamiento que muchas madres describen tras el parto.

Lea también  Helen Mirren critica a James Bond: denuncia su "profundo sexismo"

Al mismo tiempo, la comunidad que rodea a Saga —incluida una madre estricta y una hermana que parece tenerlo todo controlado— niega la gravedad del problema. Esa negación social es uno de los elementos más inquietantes: cuando lo que te ocurre no encaja con las expectativas, la incomprensión puede volverse tan dañina como la propia lesión.

La película opta por permanecer deliberadamente ambigua: ¿es Kuura una criatura sobrenatural o una proyección de los miedos y el desgaste de la maternidad? Esa indecisión temáticamente fértil también lastra la narración, que a ratos se queda en un pendiente entre metáfora y horror literal sin resolverlo del todo.

Lo que funciona y lo que no

  • Actuaciones: Haarla ofrece una interpretación visceral que sostiene el relato; Grint aporta un contrapunto cómico que resulta eficaz.
  • Dirección y atmósfera: Bergholm consigue secuencias poderosas y un ambiente opresivo; la mezcla de imágenes oníricas y efectos prácticos es notable.
  • Tono y ritmo: La película apuesta por lentitud y repetición para simular la monotonía del posparto; esa decisión funciona en intención pero reduce el impulso dramático en varios momentos.
  • Gore y efectos: Visualmente explícita; algunos golpes de CGI no siempre cuadran con la estética práctica usada en otras escenas.
  • Temática: Interesante exploración de la maternidad como experiencia ambivalente y socialmente silenciada.

En su mayoría, Nightborn prefiere mostrar la claustrofobia del cuidado infantil: los planos repetidos del hogar, la incapacidad para descansar, la pérdida de autonomía. Esa atención al detalle cotidiano hace que la película resuene más allá del susto inmediato, aunque también la vuelve menos entretenida para quien espere un thriller de ritmo sostenido.

Algunos elementos destacados —el maquillaje que envejece y enferma la piel, las imágenes oníricas que invaden el relato— funcionan como recursos simbólicos eficaces. Pero la película se siente a ratos empeñada en su dilema formal: mantenerse entre lo metafórico y lo literal le quita contundencia al golpe final.

Para espectadores con hijos o interés en relatos que cuestionan los mitos de la parentalidad, la película ofrece materiales potentes para la reflexión; para quienes buscan puro terror o comedia, puede resultar frustrante. Aun así, su honestidad cruda y su voluntad de incomodar la convierten en un título que permanece en la memoria.

Nightborn es una propuesta que provoca: no siempre acierta, pero tampoco se esconde. Si el objetivo es poner en pantalla la erosión que sufren cuerpos y relaciones tras la llegada de un bebé, la película cumple —aunque lo haga de forma despareja.

Calificación aproximada: B- (recomendable para públicos abiertos a cine incómodo y a debates sobre la maternidad).

La película ya puede verse en Shudder.

Artículos similares

Califica este artículo

Deja un comentario

Share to...