Lucio Castro: deseo queer y viaje temporal en Drunken Noodles tras tragedia personal

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En plena temporada de estrenos y festivales, Drunken Noodles llega a salas como una propuesta cinematográfica que combina erotismo, fantasía y sensibilidad queer sin caer en lo obvio. La película, del argentino afincado en Brooklyn Lucio Castro, ya suma reconocimiento crítico tras su paso por el festival y ahora entra en un circuito limitado que la hará visible para audiencias fuera del circuito de festivales.

Un cine que mira al deseo y al extrañamiento

Lejos del dramatismo convencional que domina muchas pantallas, la nueva película de Castro apuesta por una narración íntima y juguetona: dos veranos, escenarios urbanos y boscosos de Nueva York, y encuentros que mezclan la atracción física con visiones casi sobrenaturales. El protagonista, un joven estudiante de arte, atraviesa episodios eróticos y reflexivos que desdibujan la línea entre realidad y fantasía.

La pieza también se articula como un diálogo con tradiciones cinematográficas diversas: resonancias del cine queer de los noventa, el parlamento ligero que recuerda a ciertos cineastas europeos y una sensibilidad mística que evoca a autores contemporáneos del cine de autor.

Artesanía y procedencia artística

La película incorpora el trabajo del artista textil Sal Salandra como detonante creativo: piezas bordadas de carácter homoerótico aparecen dentro de la ficción y alimentan varias escenas clave. Castro, que inicialmente pensó en un documental sobre Salandra, terminó prefiriendo la libertad de la ficción para explorar las verdades emocionales que le interesaban.

La estética busca un aroma de celuloide sin recurrir a él: el equipo trabajó en digital para recrear texturas vintage, y la cámara se sitúa a menudo como cómplice del deseo sin caer en la explotación. La filmación combinó locaciones de Williamsburg y áreas rurales del estado de Nueva York, partiendo del desafío de encontrar belleza en lugares poco convencionales.

  • Estreno y recorrido: Premieró en la sección ACID del Festival de Cannes 2025 y recibió críticas favorables.
  • Lanzamiento: Distribuye Strand; en cartelera limitada en Estados Unidos, incluyendo el IFC Center de Nueva York.
  • Equipo y reparto: dirigido por Lucio Castro; protagonizado por Laith Khalifeh, con Ezriel Kornel, Joél Isaac y Matthew Risch.
  • Referencias: influencias del cine queer de los 90, del cine europeo de diálogos y de una sensibilidad mística contemporánea.
  • Origen creativo: la obra textil de Sal Salandra inspira situaciones y atmósferas narrativas.

El paso por ACID resultó determinante: la sección, conocida por acompañar películas de perfil autoral, se mostró especialmente receptiva y facilitó que el título llegara con mejor visibilidad a críticos y programadores. Ese respaldo festivalero explica en parte el interés sostenido del público gay y de quienes siguen el cine independiente.

Un creador en movimiento

Castro no es ajeno a la exploración temporal ni a las tramas de deseo; su ópera prima ya jugaba con solapamientos temporales y encuentros que trascienden momentos. En paralelo a la promoción de Drunken Noodles, prepara el lanzamiento de otra obra, After His Death, que circuló por festivales en 2025 y cuya distribución en Estados Unidos está en marcha.

Además, el director anuncia su regreso a Argentina para filmar una obra íntima y de fuerte carga personal, que aborda un suceso trágico de su pasado. Castro ha explicado que esa historia, aunque dolorosa, será abordada con humor y con una mirada que trasciende exclusivamente el marco queer.

La biografía del director —su mudanza a Nueva York a finales de los años noventa y su paso por estudios de diseño— aparece como un fondo que mueve sus elecciones estéticas y narrativas: su interés por la imagen, la forma y la mezcla entre diseño y cine está presente en cada plano.

Qué esperar como espectador

La película no entrega respuestas fáciles: propone sensaciones y deja que el espectador complete los espacios en blanco. Para quienes buscan una experiencia gay que evite lo melodramático sin renunciar a la emoción y al deseo, Drunken Noodles ofrece una alternativa fresca.

Si bien el recorrido en salas es por ahora limitado, su paso por festivales y la recepción crítica indican que podría seguir expandiéndose. Para público interesado en cine de autor, en representaciones variadas de la masculinidad queer o en propuestas que juegan con el tiempo narrativo, la cinta merece atención.

Drunken Noodles se proyecta actualmente en el IFC Center de Nueva York y continuará su despliegue en cines selectos de Estados Unidos.

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