Jon Erwin apuesta por la IA: asegura que protegerá empleos y potenciará la colaboración

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El director Jon Erwin, conocido por títulos como House of David, se ha situado en el centro del debate sobre el uso de inteligencia artificial en el cine tras las críticas que rodearon a Young Washington. La discusión importa ahora porque enfrenta la rentabilidad de las producciones, la protección de empleos y la forma en que se regulan las nuevas herramientas en una industria que ya está cambiando en tiempo real.

En redes sociales circularon capturas de crédito y fotogramas que sugerían el uso de IA en efectos visuales de Young Washington; un informe exclusivo de Variety detalló que la película incluyó alrededor de 100 planos con aporte de IA generativa, desde elementos de vestuario hasta efectos de fuego de cañón. Para Erwin esa reacción fue, ante todo, una sorpresa: habla abiertamente de su uso de la tecnología y defiende la transparencia sobre su aplicación.

Una apuesta por la transparencia y la colaboración

Erwin ha llevado la experimentación al terreno empresarial con su compañía Innovative Dreams y su sede en el lote de Manhattan Beach, donde comparte espacio con grandes producciones. Ahí exploran la combinación de etapas de volumen, modelos generativos y software tradicional para acercar los efectos visuales al rodaje en tiempo real.

Los resultados pragmáticos han sido tangibles: Young Washington debutó con 20,8 millones de dólares frente a un presupuesto aproximado de 20 millones, la mejor apertura en la carrera del director, y ya tiene secuela en marcha. Para Erwin, esos datos demuestran que la adopción responsable de la IA no equivale a sacrificar audiencia ni calidad.

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Su argumento central es que la IA debe servir para complementar procesos, no sustituir a las personas. Asegura que, bien aplicada, puede reducir costos y tiempos sin borrar puestos de trabajo —e incluso atraer rodajes de regreso a Estados Unidos— siempre que exista formación y criterios claros sobre su uso.

Cómo se usó la IA en el set

Erwin prefiere hablar de sintetizar en lugar de “generar”: la tecnología actúa sobre materiales ya filmados o acreditados por la producción, como localizaciones, vestuario o tomas de actores, en lugar de crear intérpretes o decorados completamente nuevos desde cero.

  • Escenas de batalla: la IA reforzó la sensación de retroceso de cañones y enriqueció ráfagas de fuego para mayor realismo.
  • Secuencias en agua helada: se rodó el río real y por separado a los actores en una zanja; la IA unió ambos elementos para evitar exponer al reparto a riesgos.
  • Etapa de volumen: en la serie Moses se registraron locaciones reales que luego se proyectaron en tiempo real sobre la pantalla curva del set.
  • Flujo en tiempo real: parte de los efectos se visualizaron durante el rodaje, lo que permitió ajustar la filmación sobre la marcha.

Producción Forma principal de IA Rodaje Objetivo
Young Washington IA para retoques fotorealistas (vestuario, efectos) Mayormente en locación (Irlanda) Conservar realismo y seguridad en tomas complejas
The Old Stories: Moses Proyección en etapa de volumen + renders volumétricos Estudio (Manhattan Beach) con filmaciones en Grecia y España Recrear escenarios distantes y acelerar iteraciones

En ambos proyectos participaron equipos numerosos y actores reales; las herramientas se aplicaron sobre material original para mantener la trazabilidad legal y ética, y se integraron con motores como Unreal Engine o sistemas de composición convencionales.

Herramientas en el set: rapidez y control

Uno de los beneficios que Erwin destaca es la reducción del ciclo de iteración: ver cambios visuales en minutos mantiene la conexión entre la idea y su manifestación, evitando pérdidas de tiempo y recursos. Para ello colocan equipos de cómputo móviles en el set que permiten generar variantes y tomar decisiones creativas al instante.

Además, su enfoque no depende de una única plataforma. Combinar modelos distintos y software profesional —lo que él califica como “apilar” herramientas— ha sido clave para lograr resolución y control sin depender exclusivamente de un único modelo generativo.

Límites y riesgos: ética y empleo

Erwin señala que no todo lo técnicamente posible debe hacerse. Traza líneas claras: rechaza la idea de intérpretes sintéticos como sustitutos directos de actores, tanto por motivos éticos como por razones prácticas y de coste. Advierte también sobre una posible “economía falsa” en la que el coste por prompt pueda crecer y convertir en insostenible la sustitución completa de trabajos creativos.

Su propuesta incluye medidas concretas: mandatos de formación impulsados por estudios y sindicatos para capacitar a profesionales veteranos en el uso de estas herramientas, y normas que protejan derechos de autor y actuaciones. Para él la estrategia correcta no es competir por sustituir, sino por preservar y potenciar talento.

En su lectura, el momento recuerda debates previos sobre la digitalización del cine: no se trata solo de aceptar o rechazar, sino de definir quién decide los límites y cómo se integra la tecnología en cadenas de trabajo ya existentes.

Erwin invita a los creadores a implicarse activamente: más que condenar desde la distancia, apuesta por experimentar con reglas claras y por una comunicación pública que permita discutir usos legítimos y abusos potenciales.

Si la industria escucha, la discusión pasará de la polémica al diseño de prácticas que equilibren innovación, empleo y respeto a la autoría —y ese es, según él, el desafío que toca resolver hoy.

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