La directora española Carla Simón vuelve a bucear en su pasado con Romería, una película que mezcla memoria y ficción para reconstruir el amor, la adicción y la tragedia que atravesaron sus progenitores. Tras su estreno en Cannes 2025, el film llega ahora a salas de Estados Unidos: abre el 26 de junio, una oportunidad para que el público estadounidense conozca una mirada íntima sobre el estigma, la familia y la recuperación.
En esencia, Romería propone la investigación de una joven cineasta sobre sus orígenes: Marina, de 18 años, viaja a Vigo con una cámara digital para indagar sobre el padre que nunca conoció y sobre la madre que murió de sida cuando ella apenas era una niña. La película se sitúa en 2004 y articula su relato gracias a los diarios de los años ochenta, que funcionan como hilo conductor en voz en off.
Un material personal transformado en cine
Simón toma distancia y, al mismo tiempo, se sumerge en su historia con el rigor de quien reconstruye recuerdos sin convertirlos en catálogo. Ha llevado antes esa mirada a títulos como Summer 1993 y Alcarràs; en Romería vuelve a explorar los lazos familiares, ahora desde la cara de una protagonista que documenta su propio hallazgo.
La directora, adoptada por su tía y su tío, combinó elementos autobiográficos con ficción: la joven interpretada por la debutante Llúcia Garcia encarna tanto a Marina como, en flashbacks, a la madre de la directora. Esa doble función exigió una búsqueda de casting poco convencional y tres meses de ensayos previos que Simón filmó con una Handicam para conservar una sensación de proximidad y registro íntimo.
La película, fotografiada por la cinematógrafa Hélène Louvart, alterna imágenes de costa y cotidiana austeridad con secuencias líricas que describen la euforia y la ruina que provoca la heroína en la España de los ochenta. Simón trabajó con asesores que vivieron aquella época para dotar de verosimilitud las escenas más extremas; incluso las preparaciones de las secuencias de consumo recrearon el estado de alteración sin recurrir a sustancias.
- Protagonista: Llúcia Garcia (debutante, descubrimiento de casting en Barcelona).
- Temas centrales: memoria, adicción, estigma del VIH, reconciliación familiar.
- Estreno: estreno en Cannes 2025; distribución en EE. UU. por Janus Films desde el 26 de junio.
- Estética: fotografía de Hélène Louvart; mezcla de cine de autor y formato documental en cámara de mano.
Para preparar a Garcia, Simón le proporcionó cartas familiares convertidas en diario de la película y le propuso una filmografía de referencia —títulos sobre adicción y pareja que funcionan como antecedentes estilísticos y emocionales— para ayudarla a comprender el tono y el desgaste físico y psicológico del personaje.
El resultado no es un reportaje biográfico al pie de la letra, sino una reelaboración sensible: la película usa la figura del viaje —la propia romería— como excusa narrativa para confrontar silencios, heridas y una genealogía que la protagonista reconstruye con una cámara portátil.
Reacciones familiares y alcance terapéutico
Trabajar sobre material tan cercano reabrió memorias en la familia biológica de Simón. Algunos parientes participaron del rodaje y otros leyeron el guion; según la directora, la mayoría respondió con comprensión y, en algunos casos, sintió que el proceso había sido sanador. Un tío cercano incluso aparece en la película desempeñando un papel secundario.
La cinta plantea cuestiones que siguen vigentes: el legado del estigma asociado al VIH, la manera en que las comunidades recuerdan o niegan muertes relacionadas con la enfermedad, y cómo el cine puede ofrecer una plataforma para recuperar historias ocultas. Para Simón, Romería ha sido también una forma de cerrar capítulos personales antes de volcarse en un proyecto distinto: ahora trabaja en un musical.
La irregularidad del relato —mezcla de géneros, saltos temporales y escenas que oscilan entre lo documental y lo poético— obliga al espectador a armar su propia cartografía emocional. No todos los pasajes son cómodos: hay escenas de intensa violencia íntima, así como momentos de notable ternura y humor contenido.
En términos prácticos, estas son algunas implicaciones para el público y para la conversación cultural:
- Amplía la visibilidad de narrativas sobre el VIH fuera del sensacionalismo y desde la memoria personal.
- Ofrece una mirada contemporánea sobre los efectos intergeneracionales de la adicción.
- Refuerza la tendencia del cine europeo por mezclar autobiografía y ficción como mecanismo de exploración social.
Romería llegará a salas selectas en Estados Unidos este fin de semana; su recorrido por festivales y la recepción crítica en Cannes anticipan debates sobre responsabilidad histórica, el peso del silencio familiar y las formas de la reparación mediante el arte.
Para aquellos interesados en el proceso de producción, el casting y la reconstrucción de época —asuntos que suelen quedar fuera de la sala— la película documenta pasos concretos: ensayos con cámara de mano, trabajo con testimonios de quienes vivieron los ochenta y una dirección que prioriza el tono sobre la anécdota. Esa meticulosidad técnica y emocional es, en última instancia, lo que define la propuesta de Simón en este nuevo film.
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Especialista en el séptimo arte, Javier Cortés ofrece análisis claros sobre estrenos y obras maestras del cine. Sus recomendaciones te permiten tomar decisiones informadas para tus noches de cine.