David Kittredge ofrece en “Boorman and the Devil” una mirada íntima y bastante inusual sobre una película que el tiempo convirtió en broma cultural: Exorcist II: The Heretic. El documental recupera el contexto creativo y humano detrás del fracaso comercial y, al mismo tiempo, plantea por qué ese tropiezo todavía interesa a cineastas y aficionados hoy.
El filme no busca reescribir la historia ni negar el rechazo que sufrió la secuela en 1977; más bien propone entenderla como un episodio revelador en la trayectoria de John Boorman, un director capaz de pasar del realismo duro de Deliverance a la fantasía extraña de Zardoz.
Una secuela que se volvió mito
Lo que la cultura popular recuerda de la película suele ser imágenes fragmentadas y memes: James Earl Jones convertido en una presencia enigmática, la imagen de Linda Blair desconcertando al público y la extraña máquina llamada “Synchronizer” que, en el rodaje, abrió discusiones sobre si era utilería o simplemente una lámpara.

El documental de Kittredge reconstruye cómo esas piezas bizarras y anécdotas de producción se combinaron con malas decisiones presupuestarias y problemas físicos entre el equipo para convertir el proyecto en un desastre artístico y financiero. Aun así, ofrece argumentos para ver en ese fracaso trazos de ambición y riesgo creativo.
Boorman —que debió renunciar en su momento a dirigir la primera entrega en favor de William Friedkin— aceptó llevar adelante una idea muy distinta: una continuación menos centrada en el horror visceral y más orientada hacia una exploración espiritual de su protagonista. Kubrick, según reconstruye el filme, había rechazado el proyecto advirtiendo que la única manera de mejorar la primera película era subrayando el horror. Boorman admite esa lectura pero defiende el propósito de su aproximación.
Detrás de cámaras: presupuesto, salud y climas de rodaje
Según los testimonios reunidos, la producción sufrió varios reveses: el presupuesto creció notablemente (de unos 12.5 a 15 millones de dólares), el calendario sufrió retrasos prolongados y hubo incidentes de salud que paralizaron el trabajo —entre ellos el ingreso de Boorman por una enfermedad respiratoria relacionada con polvo de estudio, diagnosticada como San Joaquin Valley fever, lo que obligó a suspender labores por semanas.

En el reparto, tensiones y contradicciones: Linda Blair, en una etapa profesional compleja, tuvo llegadas tardías al set; Richard Burton alternaba entregas tempranas; Louise Fletcher, puntual y profesional, reconoce no haber terminado de comprender la propuesta. Esos contrastes personales, junto a una atmósfera de inseguridad y mala fortuna, alimentaron la narrativa del rodaje maldito.
- Director del documental: David Kittredge
- Protagonista/tema: John Boorman y la producción de Exorcist II
- Festivales: estreno en el Festival de Venecia 2025; última proyección en Brooklyn Horror Film Festival
- Estreno en salas: Yellow Veil Pictures programó una función en el Quad Cinema de Nueva York el 28 de agosto, con posibles ampliaciones
- Calificación editorial: B+
Kittredge contextualiza el proyecto con testimonios actuales —incluye voces de cineastas contemporáneos como Mike Flanagan y Karyn Kusama— que subrayan lecciones sobre ambición, responsabilidad y el precio emocional de dirigir bajo presión. Jim Hemphill aparece también para aportar perspectiva crítica.
Más que reivindicar la película de 1977, el documental plantea preguntas útiles para creadores: ¿hasta qué punto debe un autor resistir las demandas de estudio? ¿Cuándo la audacia se transforma en ingenuidad peligrosa? Para Boorman, la experiencia terminó siendo una lección profunda sobre respetar al espectador y sobre los límites de ciertas experimentaciones en grandes producciones.
Por qué importa ahora
En un momento en que el cine revisita franquicias, secuelas y universos compartidos, “Boorman and the Devil” recuerda que detrás de cada fracaso hay decisiones humanas y condiciones industriales que explican, aunque no siempre justifiquen, el resultado. Para lectores interesados en la historia del cine de autor y en lecciones prácticas sobre producción, el documental funciona como caso de estudio y como pieza de memoria cultural.
El tono del filme combina admiración por la imaginación de Boorman con una mirada crítica a los efectos colaterales del proyecto sobre su equipo. Esa mezcla —ni apologética ni despectiva— convierte al documental en una pieza recomendable para quienes buscan comprender mejor cómo se teje la leyenda de un film fallido.
“Boorman and the Devil” se estrenó en Venecia 2025 y estuvo presente en el Brooklyn Horror Film Festival; su distribución incluye una proyección prevista en el Quad Cinema de Nueva York a fines de agosto.
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Especialista en el séptimo arte, Javier Cortés ofrece análisis claros sobre estrenos y obras maestras del cine. Sus recomendaciones te permiten tomar decisiones informadas para tus noches de cine.