Aru Tabibito no Nikki ¿Vale la pena?

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Pese a la inconmensurable plétora de nombres que abundan en el firmamento de la animación japonesa, una amarga verdad es que pocos de ellos logran una fama internacional “mainstream”. Por supuesto, todos ubicamos al maestrazo Hayao Miyazaki, ya sea que seamos amantes del anime o no. Varios de nosotros quedamos con una marca psicológica indeleble con los trabajos del fallecido Satoshi Kon (Paprika, Perfect Blue).

Pero muy pocos animadores japoneses pueden presumir de haber ganado un Óscar con una filmografía tan pequeña en su haber. Es el caso de Kunio Kato, quien con una escueta lista de cuatro trabajos, logró ganar un premio de la Academia por su cortometraje La maison en petits cubes (つみきのいえ Tsumiki no Ie) en 2008.

Pero no vamos a hablar de este corto hoy, sino de una serie de cortometrajes estrenados en el ahora lejano 2003. Hablaremos de Aru Tabibito no Nikki.

Un hombre y su puerquito

Aru Tabibito no Nikki (o The Diary of Tortov Roddle, como se le conoció en este lado del charco) es un compendio de seis historias que, juntas, tienen la duración total de apenas 16 minutos. Nuestro protagonista es Tortov Roddle, de Tortalia, quien viaja a lomos de un cerdo descomunal con extremidades exageradamente largas y delgadas, en lo que probablemente sea un guiño a “Los Elefantes” de Salvador Dalí.

Junto con Roddle, recorremos esta tierra, atestiguando la sorpresa de nuestro viajero, ante todo lo que lo rodea: ciudades asentadas en lomos de batracios, conejos antropomórficos que abordan un tranvía volador que desaparece en el cielo, pesadillas que deben ser puestas en hornos para evitar que el soñador las recuerde, son solo la mitad de las cosas con las que se topa Roddle en su travesía.

El diseño de personajes es larguirucho, estilizado y de alguna manera minimalista, tan minimalista como los escenarios donde se desenvuelve. La paleta de colores es casi monocromática, saturada de tonos azulosos, que refuerzan el tono melancólico de la animación.

Aru Tabibito no Nikki

Hablando de la animación, esta se encuentra muy poco animada, curiosamente. Al ser de un ritmo lento, casi anecdótico, casi da la impresión de ser un libro infantil en GIFs.

La música es uno de los highlights de esta animación. Al ser de un formato mudo, sin diálogos, el apartado musical prácticamente habla por ellos, con un inusitado protagonismo.

La historia que no es

Este es un anime sin historia, lo cual puede no agradarle a mucha gente. A mí mismo me costó trabajo entender lo que estaba ocurriendo, pues pese a que era consciente de que el punto de esta animación fuese la experiencia, necesitaba que al menos hubiese historia que mantuviese cohesionado lo que estaba viendo.

Sin embargo, la realidad es que a veces no se trata del destino, sino del viaje como tal.

A pesar de su brevísima duración y su escueta narrativa, su moraleja es evidente. A veces, simplemente hay que dejarse llevar.

Por lo mismo, este no es un anime para todos. No hay una épica saga, no existen enemigos a vencer, no existe una historia. Solo una experiencia.

Si te decantas por este anime, que sea con unos minutitos en paz, con tu bebida favorita, sin ruido e interrupciones de nadie.

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