Super Bowl: por qué los números romanos siguen vigentes este año

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Cada febrero, la final de la NFL se nombra con letras que remontan a la antigüedad: números romanos. Esa elección no es un capricho estético; sirve para fechar el partido sin confundir la temporada, reforzar la imagen del evento y subrayar su carácter ceremonial, algo relevante ahora que se acerca el Super Bowl LX en 2026.

Desde sus inicios, la NFL optó por numerar los Super Bowls con símbolos romanos para distinguir el partido como un acontecimiento único y anulable respecto al calendario regular. Al jugarse en enero o febrero —tras concluir la temporada anterior—, el encuentro podría fácilmente vincularse a dos años distintos; los numerales romanos evitan esa ambigüedad y crean una etiqueta independiente.

Además de esa función práctica, el uso de numerales aporta una carga simbólica. Visualmente, las letras romanas proyectan una sensación de solemnidad y continuidad histórica que encaja con el formato de gala del evento. Esa estética ha sido parte importante del diseño de logotipos, escenografías y materiales promocionales durante décadas.

Una excepción que mostró por qué importa la tradición

En 2016 la liga rompió la norma y presentó el Super Bowl 50 usando cifras arábigas para celebrar el medio siglo del partido. El cambio fue puntual y planeado: buscaban destacar el aniversario y facilitar la lectura en materiales masivos. La reacción pública demostró dos cosas al mismo tiempo: que el público reconoce y valora la tradición y que, cuando la NFL desea, puede alterar la convención por motivos comerciales o simbólicos.

La discusión que generó aquel episodio también dejó claro un punto práctico: los numerales romanos pueden ser menos intuitivos para parte de la audiencia, sobre todo en entornos digitales donde la inmediatez prima sobre la ceremonia. Aun así, la liga volvió a los numerales en ediciones posteriores, subrayando que la continuidad de marca pesa más que la brevedad.

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Por qué importa hoy

En un panorama mediático dominado por el streaming y la fragmentación de audiencias, la nomenclatura del Super Bowl sigue siendo relevante. Mantener los numerales romanos:

  • Evita confusiones entre la temporada y el año calendario del partido.
  • Refuerza la marca y el valor icónico del evento frente a otras competiciones.
  • Permite coherencia en el diseño visual de promociones y escenografías históricas.
  • Ofrece una herramienta simbólica para conmemorar hitos (como hizo la NFL con el 50º).

Sin embargo, la tensión entre tradición y accesibilidad sigue abierta. Los equipos de marketing que acompañan al Super Bowl han ido adaptando tipografías, pictogramas y animaciones para que la numeración sea legible en pantallas pequeñas y plataformas internacionales, sin renunciar al aura ceremonial que confieren los numerales romanos.

En perspectiva, la decisión de mantener este sistema es menos una cuestión técnica que una estrategia de identidad: los numerales romanos ayudan a convertir cada final en un capítulo de largo aliento dentro de una narrativa continua. Cambios puntuales pueden ocurrir —y han ocurrido—, pero la costumbre perdura porque ofrece al evento una mezcla de claridad, estética y tradición difícil de replicar con cifras simples.

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