Kristen Stewart y Alia Shawkat reavivan la comedia fumeta con The Wrong Girls

Cine
Foto del autor

La ópera prima de Dylan Meyer, The Wrong Girls, llega este agosto como un soplo de aire para la comedia cannábica: revitaliza el género al situarlo en 2026 y poner en primer plano la amistad femenina en un Los Ángeles que se siente muy real. Estrenada por Neon el 14 de agosto, la película plantea una pregunta pertinente hoy: ¿puede el refugio colectivo —y el consumo recreativo— ser una forma válida de resistencia ante la crisis contemporánea?

La película arranca con una imagen potente: la cámara sumergida en el Pacífico, seguida por una criatura bioluminiscente cuyo resplandor introduce desde el primer plano el tono extraño y sensorial del filme. Desde ahí se traslada al apartamento compartido por dos amigas, Frankie y Molly, donde la cotidianidad y la calidez conviven con la precariedad económica.

La película arranca con una imagen potente: la cámara sumergida en el Pacífico, seguida por una criatura bioluminiscente cuyo resplandor introduce desde el primer plano el tono extraño y sensorial del filme. Desde ahí se traslada al apartamento compartido por

Frankie (interpretada por Kristen Stewart) trabaja como repartidora; Molly (Alia Shawkat) es la amiga que organiza la vida doméstica con una mezcla de ternura y desparpajo. Un encuentro fortuito —y un error cometido por un desconocido— pone en sus manos un compuesto luminoso, una sustancia nacida del misterio de las profundidades marinas que, en la trama, promueve una forma de empatía radical.

En lugar de acudir a la academia o al laboratorio, las protagonistas toman una decisión inmediata y muy mundana: lo que encontraron puede venderse. Tras probarlo, descubren que no solo potencia sus percepciones, sino que les permite conectarse en un plano casi telepático. A partir de ese hallazgo, la historia combina persecuciones, humor y secuencias oníricas con un trasfondo ético —y económico— evidente.

Lea también  "La Hermanastra Fea": Un relato escalofriante de Cenicienta para la era del terror corporal feminista

La película funciona por varias razones: por la química entre las protagonistas, por el tono juguetón que evita la condescendencia y por los detalles sensoriales que la hacen táctil. Meyer explora cómo la visibilidad del consumo —no la ilegalidad— sigue siendo un tabú social, y cómo esa visibilidad choca con obligaciones y expectativas adultas.

  • Dirección: Dylan Meyer (debut en largometraje)
  • Reparto principal: Kristen Stewart, Alia Shawkat, LaKeith Stanfield, Tony Hale; voces de Seth Rogen y Kumail Nanjiani para los gatos
  • Distribuye: Neon — estreno nacional el 14 de agosto
  • Temas clave: marihuana y normalización, amistad como refugio, dilemas éticos sobre la explotación científica

Hay guiños constantes a una Los Ángeles reconocible: salas de estar que funcionan como fortalezas, pequeñas derrotas emocionales (como la amenaza de que cierre el bufé barato favorito) y objetos cotidianos que se vuelven tótems —una figura de cartón de una cantante pop, camisetas con slogans, o una puerta principal que no logra cerrarse—. Esos elementos construyen una atmósfera doméstica que contrasta con la absurdidad de las peripecias.

Apartamento de Los Ángeles con dos amigas compartiendo un espacio acogedor y precario
La película construye su atmósfera doméstica como fortaleza emocional ante la absurdidad externa.

En la parte cómica, Meyer mezcla gags físicos con momentos de introspección. La película no siempre encuentra un ritmo perfecto; hay pasajes en los que la trama se dispersa y escenas que funcionan más como recortes de ambiente que como avances narrativos. Sin embargo, esa misma elasticidad formal contribuye al carácter de la película: se permite divagar, equivocar el foco y, aun así, mantener una voz propia.

Las interpretaciones son un punto alto. Stewart entrega una Frankie menos contenida de lo habitual: es ligera, cínica y frágil a la vez, capaz de convertir la banalidad en comedia íntima. Shawkat aporta la calidez doméstica que sostiene el contraste emocional; juntas forman una dinámica que reclama el espacio que históricamente el género había reservado a personajes masculinos.

Las interpretaciones son un punto alto. Stewart entrega una Frankie menos contenida de lo habitual: es ligera, cínica y frágil a la vez, capaz de convertir la banalidad en comedia íntima. Shawkat aporta la calidez doméstica que sostiene el contraste

El componente fantástico —el fármaco que induce empatía y las secuencias psicodélicas que lo acompañan— funciona sobre todo como herramienta para indagar en la relación entre desconexión y salvación emocional. La película sugiere que, en un panorama social agotador, retirarse al confort no es necesariamente una derrota; a veces es una estrategia para conservar energía y afectos.

Efecto visual psicodélico con luces bioluminiscentes y tonos oníricos

La banda sonora y la fotografía refuerzan esa sensación de Halloween urbano: sintetizadores que rozan el terror cómico y una paleta lumínica que transforma la ciudad en un escenario de carnaval nocturno. Pequeños aciertos de puesta en escena —planos que enfatizan texturas domésticas, close-ups en objetos absurdos— contribuyen a que el film sea más vivencial que expositivo.

También hay un comentario sutil sobre la comercialización de lo extraordinario: la decisión de vender la sustancia pone en tela de juicio la ética de convertir un descubrimiento que promueve la empatía en mercancía. La tensión entre supervivencia económica y responsabilidad moral atraviesa el relato sin convertirse en sermón.

Detalles de reparto y cameos añaden capas: LaKeith Stanfield actúa como un catalizador externo; Kate McKinnon interpreta a una científica que aporta tanto desorden intelectual como humor; y pequeñas apariciones completan el mosaico de un reparto dispuesto a jugar con el tono. Incluso los gatos del hogar contribuyen al humor doméstico con voces reconocibles.

En resumen, The Wrong Girls no es un ejercicio de perfección formal, pero sí una película que sabe a quiénes habla y por qué es relevante ahora. Recupera la comedia sobre marihuana sin nostalgias fáciles, la centra en dos mujeres y usa lo fantástico para pensar en la empatía como recurso político y personal.

Valoración crítica: A-

Por su enfoque contemporáneo, sus aciertos actorales y su mezcla de humor y reflexión, la película de Meyer demuestra que el género puede actualizarse sin perder su capacidad de divertir y conmover.

Artículos similares

Califica este artículo

Deja un comentario

Share to...