Transmetropolitan: o la vida imitando al arte

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Decidí estar deprimido por un tiempo…

Spider Jerusalem

Hora de ponerse un poco más… íntimo. No, no de ese íntimo, panda de degenerados.

Déjenme contarles un aspecto de mí. Me desempeño como periodista (OMG, ¿Un director editorial que es periodista? No me lo imaginaba…), pero, además de hacer esa labor en este bello portal, lo hago en uno más orientado a la política.

Y entre las muchas lecciones que he aprendido de ello (con una abrumadora mayoría de lo que no se debe hacer), es que es el medio más puerco en el que alguien puede estar. Muchos periodistas cuestionan a político A pero para alzar a político B. Incluso, cuando ya no tienen nada bueno que decir de político B, se limitan a servirle de bocina, de megáfono. El periodismo político es tan sucio como la propia política, si no es que más. Es la parte del discurso que divide a gran escala a partir de las muy particulares filias y fobias de los periodistas. Es algo terrible y es la razón por la que a cualquier persona le recomiendo que, en términos de política, se informe más por periódicos externos que nacionales (El País, Washington Post, Der Welt, Der Spiegel…).

Y es que en esta era de caos y estupidez reinante, la sobre información también es desinformación. Una era como la que se retrata en el cómic que vamos a abordar.

Para los que no lo han leído…

Esta ciudad no se permite caer o degradarse. Crece salvajemente. Es un caos brillante y apestoso. Cobra fuerza de sus miles de culturas, y de los miles que nacen cada día. No es perfecta. Miente y engaña. No es una utopía, ni es la montaña… pero está viva, y eso no puedo discutirlo.

Spider Jerusalem

Transmetropolitan, a la par de The Sandman del inmenso Neil Gaiman, es mi primera recomendación para alguien que quiere acercarse a los cómics sin tener que chutarse los miles de cómics de los universos Marvel y DC.

Es una obra de 60 números que le sirven a su autor, el igualmente tremendo Warren Ellis, para criticar la sociedad y política estadounidenses (y mundial) a través del espejo del futuro. Publicada de 1997 a 2002, Transmetropolitan pasó primero por la extinta editorial Helix, perteneciente a DC. De hecho, Transmetropolitan fue el único cómic que sobrevivió a la desaparición de Helix, mudándose al sello Vertigo.

Un periodista de los que ya no hay

Los periodistas no lloran. Y yo soy un puto periodista. Otra vez.

Spider Jerusalem

Nuestro protagonista es Spider Jerusalem, un periodista gonzo (es decir, un estilo de periodismo que en lugar de hacer que el periodista cubra la nota, deja que el periodista influya tan directamente que incluso se vuelva LA NOTA). Estamos ante un tipo vulgar, violento, impulsivo, moralmente ambiguo, adicto y tremendamente directo, inteligente y creativo.

No es, ni de lejos, un héroe. Solo aspira a conocer “la verdad” (sea lo que sea que eso signifique para él) y está dispuesto a arriesgar todo y a todos a su alrededor para saberla.

No es el periodista frío de los periódicos de circulación nacional. No es tampoco el “periodista” estridente que usa encabezados tremendistas de ultraderecha o chairos. Ni siquiera, si te dejas llevar por la descripción que acabo de dar de él, es el típico imbécil que comenta en redes sociales y que vierte bilis en Twitter esperando atención o justificar una paga de 10 mil pesos al mes por usar distintas cuentas con distinto vocabulario para impulsar agendas (ustedes saben quiénes son, algunos de ustedes me han amenazado de muerte sin darse cuenta, bastardos).

Spider Jerusalem es alguien muy real. Sumamente informado y sumamente enojado. No del informado que se cree tu tío que se echa religiosamente conferencias matutinas sin atreverse a hacer una sola pregunta. Eso NO es informarse.

Porque esa es la cuestión, lo mencioné en el párrafo que antecede esta sección. Hoy en día cualquier persona puede decir que “está informada”. Muy pocos se dan cuenta que entre más información les aparece, más ignorantes son, y que más necesario es retar lo que sabes. Los medios tradicionales no van a tratarte como una persona pensante. Spider Jerusalem se trata a sí mismo como uno, y luego, mediante un lenguaje crudo, intenta que sus lectores hagan lo propio. No es, pues, alguien que pelee por otros, sino que espera que los otros peleen por sí mismos.

Transmetropolitan
“Dame información”

El mundo

En toda revolución hay un agujero, grande o pequeño, y abundante. La gente. Por grande que sea la idea bajo la que se alzan, la gente es pequeña, débil y asustada. La gente mata todas las revoluciones.

Spider Jerusalem

Un personaje caótico solo puede alzarse en un mundo ad hoc. Un futuro que a la vez parece lejano y cercano al mismo tiempo. Un futuro de maravillas como expendedores que recombinan la materia en formas casi alquímicas, pero de horrores como gente resucitada mediante criogenia que no tiene cabida en este nuevo mundo, y que se ve relegada a ser poco más que vagabundos.

Un mundo de movimientos sociales que exigen su reconocimiento a su derecho de cambiar de especie. Paristas que pierden el control y se rinden a la anarquía y la estupidez tras su aparente secesión. Policías corruptos que a ras del suelo buscan el pretexto perfecto para desquitar con alguien las fallas de su propio sistema. Criminales de odio que salen impunes ¿Les suena?

Desde el primer volumen, te deja en claro que hay mucho de amarga verdad en la capa de ficción postcyberpunk que adorna las páginas de Transmetropolitan. El mundo y las personas que lo habitan es vasto y variado. Un crisol de vidas donde la estupidez y la lucha social a veces están distanciados, y a veces ignoran la línea relativamente gruesa que en teoría las debería separar.

Un mundo cínico con personas que se drogan impunemente ante la mirada de niños, con sexo y violencia en cada rincón, en vivo y a todo color. Un mundo donde una enfermedad se comercializa en forma de refresco (como el Ebola Cola).

Este es un mundo con pros y contras, con zonas grises amplísimas que bailotean entre blancos y negros. Es nuestro mundo.

Política

Siempre pensé que la gente era esencialmente brillante. Distraída, seguro, y débil y derrotada, pero nunca estúpida. Y les muestras que, aquí hay dos personas que quieren ser presidente. Una es malvada, pero puedes lidiar con ella, porque de hecho cree en algo. La otra dirá cualquier mentira, usará cualquier máscara para convertirse en presidente, y no sólo eso, sino que te pinche odia y sólo quiere ser presidente para violarte. ¿Y por quién crees que votaron?

Spider Jerusalem

Un mundo tan cercano a nosotros bajo su fina capa de ficción solo podía tener sentido con una política tan real que encaje.

Y vaya que es algo real. Buena parte de la historia en Transmetropolitan transcurre en el contexto de elecciones presidenciales.

Hay un presidente que busca la reelección, “La Bestia”, un tipo directo, brutal y bruto a la vez, conservador, un republicano en toda regla. Un bastardo que lo es por su condición de político, lo que representa la vieja manera de gobernar.

Y hay un senador, Gary Callahan, un tipo que tras su sonrisa eterna y su facilidad de palabra se esconde un psicópata con ansías de poder. Alguien capaz de hacer lo indecible para tener poder. Un bastardo que lo es por su condición de político, lo que representa la “nueva” manera de gobernar.

En más de una ocasión, durante el arco de las elecciones (llamado El Año del Bastardo) el lector se encuentra ante la amarga realidad de que ninguna opción es buena para estar a cargo.

Como en la vida real.

Más aún, eventualmente también se llega a la realización de que, si votas para castigar, el castigado serás tú. Que las agendas y narrativas solo son útiles para jalar votos como cabezas de ganado, pero nunca para el ciudadano de a pie.

Solo lean esta cita:

Quieres saber qué es votar. Te voy a decir qué es votar. Imagina que estás encerrado en un enorme club subterráneo lleno de pecadores, putas, gente rara y cosas innombrables que violan rottweilers para divertirse. Y no pueden salir hasta que todos voten qué harán esa noche. Tú quieres sentarte y ver “Reserva Del Partido Republicano” en la tele. Ellos quieren practicar el sexo con personas normales usando cuchillos, pistolas y órganos sexuales que tú ignorabas que existían. Así que tú votas por la tele, y todos los demás, hasta donde te alcanza la vista, votan por joderte a navajazos.
Eso es votar.
De nada.

Spider Jerusalem

De nuevo, como en la vida real.

La tecnología

El mundo es, en general , un mejor lugar para vivir este año que el año pasado.

Spider Jerusalem

Por supuesto, tratándose de un mundo ambientado en el futuro, algo que parece aterradoramente distante por su avance es el aspecto tecnológico.

Sin embargo, es un futuro que en algunas cosas le da al clavo con este año.

No en lo estético, claro está. Transmetropolitan es un hijo de su tiempo, un cómic de finales de los noventas y principios de los dos mil, así que aquí la noción de máquinas inteligentes está relacionada, por ejemplo, a máquinas de escribir.

No obstante, tuvo la audacia de adelantarse a su época en muchos aspectos. La capacidad de ver en tiempo real la biografía de un presentador de televisión, por ejemplo. El uso de una especie de redes sociales, y un flujo de información que llega al instante, son algunas de las cosas que ya estamos viviendo en el mundo real.

Vaya, incluso los expendedores que transforman materia en cosas como comida podría ser algo relativamente real, si volteamos a ver la existencia de impresoras 3D, algo que podría ser considerado una versión relativamente primitiva de estos artefactos.

Transmetropolitan tiene la audacia de bocetar incluso apagones informáticos deliberados o incluso smartphones, como el que usa un personaje llamado Robert McX en cierto momento de la historia.

El influencer

Sigan a cualquiera con la sonrisa adecuada, el seguimiento adecuado, la imagen adecuada. Sigan a cualquiera que les diga “Yo cuidaré de ustedes y tomaré las decisiones importantes en su lugar para que se puedan dedicar a cagarse en las vidas de los otros y a joderse con total, completa y feliz ignorancia”.

Spider Jerusalem

En algún punto de la historia, Spider Jerusalem pasa de ser mero periodista a ser algo más. Sus lentes, sus frases y manierismos se vuelven cruciales para el momento. Se vuelve algo que está en boca de todos, algo que está bajo la mira de todos, algo cuya opinión tiene más peso que la del tipo promedio.

Se vuelve un influencer.

La gran ironía es que, siendo un periodista gonzo, que no resiste el ser el centro de atención, se da cuenta que esto no es así. Tanto en Transmetropolitan como en la vida real, la opinión de una sola persona se vuelve una suerte de mantra para los demás. Se trata de una crítica bastante directa de cómo la masa se siente más cómoda siguiendo, y no pensando.

Por supuesto, la personalidad, conocimiento y aptitudes de Spider lo vuelven alguien que eventualmente iba a ser líder de opinión. El gran problema estriba de que eso es justo lo contrario a lo que el protagonista de Transmetropolitan quiere.

Eventualmente, y como justamente ocurre con los influencers, la fama de Jerusalem poco a poco se apaga, conforme va terminando la tensión electoral.

Para terminar….

Hay dos maneras de leer Transmetropolitan (quizá más, pero en este momento se me ocurren dos principales). Una es considerarlo como un hijo de su tiempo, una crítica de Warren Ellis al estado de las cosas de los finales de los noventa, con gente rara y ambiciosa como Clinton, Blair y demás personajes de su momento. Otra es leerlo desde esta época, con los lentes de nuestro presente.

En ambos casos, nos percataremos de una interesante realidad, ya sea que lo haya querido o no, este cómic se adelantó a muchos aspectos de nuestra actualidad, parodiando la propia.

Y en cuanto a nuestra realidad, eventualmente alcanzamos esta ficción caótica y llena de claroscuros. Nuestra vida imitó esta pieza de arte.

Ahora que has llegado hasta el final de este texto, te recomiendo visitar nuestro canal de YouTube. También me permito recomendarte este artículo sobre Scott Pilgrim. Recuerda que ser cool #EsDeGamers.

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Ragvalgard

Ragvalgard

Está loco. Se quedó lamiendo el timbre de nuestras oficinas por dos horas, así que la opción era contratarlo o llamar a la policía.